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Preguntas y respuestas
Aquí tenemos las respuestas a tus consultas.
Una alineación adecuada es crucial para:
- Prevenir el desgaste irregular de los neumáticos: Si las ruedas no están correctamente alineadas, los neumáticos pueden desgastarse de forma desigual, acortando su vida útil.
- Mejorar el manejo y la seguridad: Un vehículo bien alineado mantiene una trayectoria recta, lo que mejora la estabilidad y el control, y contribuye a la seguridad general en la carretera.
Reducir el consumo de combustible: Al asegurar que los neumáticos tengan el contacto óptimo con la carretera, se reduce la resistencia al rodamiento, lo que puede contribuir a una mayor economía de combustible.
: Debes considerar una revisión de la alineación si notas alguno de los siguientes síntomas:
- El volante se desvía hacia un lado (izquierda o derecha) cuando conduces en línea recta o al soltarlo brevemente.
- Las llantas se desgastan de forma irregular, mostrando un mayor desgaste en un lado, en el centro o con un patrón asimétrico.
- Se sienten vibraciones en el volante o en el piso del auto.
- El vehículo se siente inestable o difícil de controlar.
- La desalineación puede ser causada por diversos factores, como baches, golpes con bordillos (aceras), accidentes o el desgaste natural de los componentes de la suspensión. Incluso un simple cambio de neumáticos puede afectar la alineación. Se recomienda revisar la alineación periódicamente, aproximadamente cada 10,000 kilómetros o cada 6 meses, o después de un impacto fuerte.
El balanceo es fundamental para:
- Eliminar vibraciones: Previene las vibraciones que se sienten en el volante o en el piso del auto, lo que contribuye a una conducción más cómoda y suave.
- Prevenir el desgaste irregular de los neumáticos: Las vibraciones causadas por un desequilibrio pueden provocar un desgaste desigual de la banda de rodadura de las llantas.
- Proteger la suspensión del vehículo: Al evitar las vibraciones excesivas, el balanceo ayuda a proteger los componentes de la suspensión del auto de un desgaste prematuro.
Es crucial entender que la alineación y el balanceo son procesos distintos pero interconectados. La alineación ajusta los ángulos de las ruedas, mientras que el balanceo corrige la distribución del peso de la rueda y el neumático.
Un aro que no ha sido rectificado correctamente (es decir, que aún presenta deformaciones físicas) puede hacer que los servicios de alineación y balanceo sean ineficaces. No se puede balancear o alinear correctamente una rueda si su componente principal, el aro, no tiene la forma y la integridad estructural adecuadas. Por lo tanto, la rectificación de aros es a menudo un requisito previo para que la alineación y el balanceo puedan realizarse con éxito y ofrecer sus beneficios completos.
La rectificación de aros es un procedimiento técnico preciso enfocado en la reparación de la parte rígida de la rueda. Este proceso busca corregir deformaciones, abolladuras, golpes y, en situaciones específicas, grietas que puedan haber comprometido la estructura del aro. El objetivo primordial es devolver al aro su geometría circular original, lo que es indispensable para asegurar una rotación equilibrada y segura del neumático. Este mantenimiento es vital para preservar el rendimiento óptimo del vehículo y mitigar el riesgo de daños adicionales o accidentes.
Los aros de las ruedas están en constante exposición a impactos y tensiones durante la conducción, lo que puede comprometer su integridad estructural y funcional. Las causas más frecuentes que derivan en la necesidad de una rectificación son diversas y están ligadas en gran medida a las condiciones de la vía y el uso del vehículo.
- Impactos Accidentales:
- Baches y Huecos: Una de las principales causas de daño en los aros es el impacto inesperado con baches o huecos profundos en la carretera. Estos golpes súbitos pueden provocar abolladuras, deformaciones e incluso grietas en el material del aro.
- Bordillos (Aceras): Golpear un bordillo al estacionar, al tomar una curva cerrada o durante maniobras puede causar abolladuras, raspaduras superficiales o daños estructurales más severos, dependiendo de la velocidad y el ángulo del impacto.
- Conducción en Terrenos Irregulares o con Huecos Frecuentes:
- Transitar de manera habitual por caminos sin pavimentar, carreteras en mal estado o zonas con presencia constante de irregularidades y huecos, somete los aros a golpes repetitivos. Estos impactos constantes, aunque individualmente menores, pueden generar daños acumulativos a largo plazo, debilitando progresivamente la estructura del aro hasta que se manifiesta una deformación o grieta significativa.
Desgaste General por Uso: Aunque los impactos son la causa más común, el uso prolongado y las tensiones continuas a las que están sometidos los aros pueden contribuir al desgaste y la fatiga del material con el tiempo. Esto los hace más susceptibles a sufrir deformaciones incluso con impactos de menor intensidad.
Identificar a tiempo los problemas en los aros es fundamental para la seguridad del vehículo y para prevenir daños más extensos en otros componentes. Los signos más comunes que alertan sobre la necesidad de una rectificación son:
- Vibraciones en el Volante o la Carrocería: Este es, quizás, el síntoma más evidente y común. Si se percibe una vibración en el volante, especialmente al circular a altas velocidades, o si se sienten vibraciones que se transmiten al piso del vehículo, es una clara señal de que uno o varios aros pueden estar deformados o desequilibrados. Un aro dañado afecta la alineación de la rueda, lo que directamente se traduce en estas vibraciones perceptibles.
- Desgaste Irregular de los Neumáticos: Un aro que ha perdido su forma circular ideal o que está deformado puede provocar que el neumático se asiente y gire de manera incorrecta. Esto resulta en un desgaste desigual de la banda de rodadura de la llanta, acortando significativamente su vida útil y afectando la estabilidad y el manejo del vehículo.
- Ruidos Inusuales Provenientes de las Ruedas: La deformación o daño en un aro puede causar que la rueda vibre y genere un ruido constante mientras el vehículo está en movimiento, particularmente notorio a velocidades elevadas. Estos ruidos pueden manifestarse como zumbidos, golpeteos o chirridos.
- Pérdida de Presión de Aire en los Neumáticos: Los impactos que causan abolladuras o grietas en el aro pueden comprometer el sellado entre el aro y el neumático. Esto se traduce en una fuga lenta pero persistente de aire, lo que requiere un inflado más frecuente del neumático para mantener la presión adecuada.
Desvío del Vehículo: Si el automóvil tiende a desviarse de su trayectoria recta, «jalándose» hacia un lado, incluso cuando se conduce en línea recta o se suelta brevemente el volante, podría ser un indicio de un problema de alineación. Este desvío puede ser una consecuencia directa de aros deformados que alteran los ángulos de las ruedas.
La rectificación de aros es un procedimiento técnico preciso enfocado en la reparación de la parte rígida de la rueda. Este proceso busca corregir deformaciones, abolladuras, golpes y, en situaciones específicas, grietas que puedan haber comprometido la estructura del aro. El objetivo primordial es devolver al aro su geometría circular original, lo que es indispensable para asegurar una rotación equilibrada y segura del neumático. Este mantenimiento es vital para preservar el rendimiento óptimo del vehículo y mitigar el riesgo de daños adicionales o accidentes.
Los aros de las ruedas están en constante exposición a impactos y tensiones durante la conducción, lo que puede comprometer su integridad estructural y funcional. Las causas más frecuentes que derivan en la necesidad de una rectificación son diversas y están ligadas en gran medida a las condiciones de la vía y el uso del vehículo.
- Impactos Accidentales:
- Baches y Huecos: Una de las principales causas de daño en los aros es el impacto inesperado con baches o huecos profundos en la carretera. Estos golpes súbitos pueden provocar abolladuras, deformaciones e incluso grietas en el material del aro.
- Bordillos (Aceras): Golpear un bordillo al estacionar, al tomar una curva cerrada o durante maniobras puede causar abolladuras, raspaduras superficiales o daños estructurales más severos, dependiendo de la velocidad y el ángulo del impacto.
- Conducción en Terrenos Irregulares o con Huecos Frecuentes:
- Transitar de manera habitual por caminos sin pavimentar, carreteras en mal estado o zonas con presencia constante de irregularidades y huecos, somete los aros a golpes repetitivos. Estos impactos constantes, aunque individualmente menores, pueden generar daños acumulativos a largo plazo, debilitando progresivamente la estructura del aro hasta que se manifiesta una deformación o grieta significativa.
Desgaste General por Uso: Aunque los impactos son la causa más común, el uso prolongado y las tensiones continuas a las que están sometidos los aros pueden contribuir al desgaste y la fatiga del material con el tiempo. Esto los hace más susceptibles a sufrir deformaciones incluso con impactos de menor intensidad.
- Vibraciones en el Volante o la Carrocería: Este es, quizás, el síntoma más evidente y común. Si se percibe una vibración en el volante, especialmente al circular a altas velocidades, o si se sienten vibraciones que se transmiten al piso del vehículo, es una clara señal de que uno o varios aros pueden estar deformados o desequilibrados. Un aro dañado afecta la alineación de la rueda, lo que directamente se traduce en estas vibraciones perceptibles.
- Desgaste Irregular de los Neumáticos: Un aro que ha perdido su forma circular ideal o que está deformado puede provocar que el neumático se asiente y gire de manera incorrecta. Esto resulta en un desgaste desigual de la banda de rodadura de la llanta, acortando significativamente su vida útil y afectando la estabilidad y el manejo del vehículo.
- Ruidos Inusuales Provenientes de las Ruedas: La deformación o daño en un aro puede causar que la rueda vibre y genere un ruido constante mientras el vehículo está en movimiento, particularmente notorio a velocidades elevadas. Estos ruidos pueden manifestarse como zumbidos, golpeteos o chirridos.
- Pérdida de Presión de Aire en los Neumáticos: Los impactos que causan abolladuras o grietas en el aro pueden comprometer el sellado entre el aro y el neumático. Esto se traduce en una fuga lenta pero persistente de aire, lo que requiere un inflado más frecuente del neumático para mantener la presión adecuada.